Soy un hombre dominante. Solo eso. No soy dominante por tener algún tipo de superioridad. Tampoco porque me considere más inteligente o más sabio. No soy dominante por la masa de mi cuerpo o la fuerza que poseo. Tampoco querría ser dominante con todas las mujeres. Pero para ti, soy tu Master.
Soy tu Master solo después de haber ganado tu confianza y abrazado tu sumisión. He mirado dentro de tu corazón y de tu mente y veo claramente tus deseos y pasiones. Has arrojado tus miedos e inhibiciones. Me hablas acerca de las necesidades de tu corazón y de tu cuerpo. Me has dado acceso total a tu alma, y acepto esa responsabilidad y ese honor.
Tu eres una mujer. No eres débil ni inferior por ello. Eres un tesoro al que cuidar. No somos iguales. Yo tengo la fortaleza de cuerpo y mente y la necesidad instintiva de protegerte, poseerte, defenderte. Tu eres una mujer instintivamente más fuerte de voluntad y corazón. Tu confianza en mí me dan el coraje y la dirección. Tu fortaleza dispersa mis dudas. Tus necesidades y deseos dan el coraje y el motivo a mis esfuerzos.
No somos iguales. Somos dos mitades de un todo. Nos complementamos y completamos mutuamente. Mi deseo de dominarte es instintivo. No pretende degradarte porque estás segura en ser totalmente femenina. Cada uno de nosotros reconoce nuestro valor y acepta la necesidad de alguien en quien confiar para colmar las necesidades.
Tu eres segura, fuerte y orgullosa en tu esencia de mujer. No te sometes desde la inferioridad sino desde la fortaleza y la pasión. Deseas florecer en la fortaleza y control de un hombre. En contrapartida, ofreces el control de tu cuerpo, confianza, honestidad y lealtad. Te sometes porque he ganado tu confianza. Porque he abierto tu corazón y tu alma. Porque he escuchado tus palabras con los oídos y con el corazón. Porque he aprendido a anticipar tus necesidades y emociones. Y porque he probado ser valioso a tus ojos, me has entregado el único tesoro real de la vida: el dominio sobre ti.
Lo que entregas no es anormal, sino el regalo mas puro y natural que una mujer puede entregar a un hombre. Me has entregado la certeza completa e inamovible de tu compromiso hacia mi. Tu sumisión es un regalo magnífico y una responsabilidad sagrada. La acepto desde mi humildad y desde mi gozo. Entiendo cuán raro y puro es este regalo. Reconozco que son tu cuerpo, tu alma, tu corazón y tu mente. Te domino solo porque lo permites, y cuando veo tu cuerpo de rodillas frente a mí, en mi corazón y mi mente te elevas por encima de todas las mujeres y tesoros del planeta. Lo que gratuitamente me entregas, no puede ser comprado.
Soy tu Master solo después de haber ganado tu confianza y abrazado tu sumisión. He mirado dentro de tu corazón y de tu mente y veo claramente tus deseos y pasiones. Has arrojado tus miedos e inhibiciones. Me hablas acerca de las necesidades de tu corazón y de tu cuerpo. Me has dado acceso total a tu alma, y acepto esa responsabilidad y ese honor.
Tu eres una mujer. No eres débil ni inferior por ello. Eres un tesoro al que cuidar. No somos iguales. Yo tengo la fortaleza de cuerpo y mente y la necesidad instintiva de protegerte, poseerte, defenderte. Tu eres una mujer instintivamente más fuerte de voluntad y corazón. Tu confianza en mí me dan el coraje y la dirección. Tu fortaleza dispersa mis dudas. Tus necesidades y deseos dan el coraje y el motivo a mis esfuerzos.
No somos iguales. Somos dos mitades de un todo. Nos complementamos y completamos mutuamente. Mi deseo de dominarte es instintivo. No pretende degradarte porque estás segura en ser totalmente femenina. Cada uno de nosotros reconoce nuestro valor y acepta la necesidad de alguien en quien confiar para colmar las necesidades.
Tu eres segura, fuerte y orgullosa en tu esencia de mujer. No te sometes desde la inferioridad sino desde la fortaleza y la pasión. Deseas florecer en la fortaleza y control de un hombre. En contrapartida, ofreces el control de tu cuerpo, confianza, honestidad y lealtad. Te sometes porque he ganado tu confianza. Porque he abierto tu corazón y tu alma. Porque he escuchado tus palabras con los oídos y con el corazón. Porque he aprendido a anticipar tus necesidades y emociones. Y porque he probado ser valioso a tus ojos, me has entregado el único tesoro real de la vida: el dominio sobre ti.
Lo que entregas no es anormal, sino el regalo mas puro y natural que una mujer puede entregar a un hombre. Me has entregado la certeza completa e inamovible de tu compromiso hacia mi. Tu sumisión es un regalo magnífico y una responsabilidad sagrada. La acepto desde mi humildad y desde mi gozo. Entiendo cuán raro y puro es este regalo. Reconozco que son tu cuerpo, tu alma, tu corazón y tu mente. Te domino solo porque lo permites, y cuando veo tu cuerpo de rodillas frente a mí, en mi corazón y mi mente te elevas por encima de todas las mujeres y tesoros del planeta. Lo que gratuitamente me entregas, no puede ser comprado.

Author: Michael P
Web fuente:
Fotografía: Pascal Abadie


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