Antes vivía 24 horas, 7 días en la semana controlada. Creía que la "disponibilidad" pasaba por estar al alcance de la mano del Dueño a cualquier hora y en cualquier lugar. No tenia oportunidad de extrañar. Ahora, cuando el Amo no está, capitalizo el silencio recordando la lección de que es la esclava quien sirve al Amo, y no al revés.
Antes era pasiva: me dejaba alcanzar. Ahora, me la paso buscando nuevas formas de ofrecimiento al Amo.
Antes existían discusiones como si se tratara de un duelo de poderes entre Dominante y esclava. Ahora, la mirada del Amo basta para lamentar haberle decepcionado y agradezco profundamente las veces que el Señor decide aplicar un correctivo que ayude a esta huesos a ser mejor objeto de servicio.
Antes era una esclava "decente". Vestía polera y la desnudez era un privilegio del Amo. Ahora, soy una cerda. Vivo desnuda en un trastero sin derecho a disponer del cuerpo ni alejarlo de la mirada de quienes desean disfrutar de el.
Antes era una mujer reprimida, esclava de sí misma, que obedecía. Ahora soy una cosa libre, una hembra de provecho.
Antes tuve nombre. Ahora soy una nada feliz de que el Señor la llame como mejor le plazca.
Antes fue la esclava quien "aceptó" el collar de un Dueño. Ahora es esta gata callejera quien suplica al Amo que no vuelva a rechazarla y que le permita por favor besar sus zapatos en señal de reverencia.
Fotografía: Aharonian Dave


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